viernes, 31 de julio de 2009

El artista- librero- objetual y su obsesión por llamar libro a lo que no es.

Cuando nos acercamos a una obra contemporánea, como el libro de artista, podemos encontrarnos con una gran diversidad de formatos y propuestas. Algunos podemos considerarlos "libros" en un concepto estricto, otros tal vez son libros-objetos, libros ilustrados, libros libres.



Hasta es posible que ni siquiera puedan ser abiertos. Sus hojas pueden estar pegadas, atadas, soldadas o encadenadas, están "condenados" a no ser leídos. Su sola presencia nos habla de imposibilidades: de abrir, de ver, de manipular, de hojear... un interior secreto e impenetrable. Un interior que no puede ser explorado. ¿Cuál es la intención de un libro así? ¿Qué sentido tiene? Podrían plantearse muchos interrogantes y también aventurarse algunas respuestas.

Un libro cerrado es una esperanza de lectura, un libro sellado, un condenado, es una lectura que nunca llegará. Es una invitación a la imaginación, despertar curiosidad para no saciarla nunca. ¿Qué se esconde entre sus páginas? Nadie puede descubrirlo. Debemos imaginarlo y de esa capacidad dependerá la historia que el lector se cuente a si mismo.

Las pistas estarán a la vista. Las tapas, el lomo, los bordes de las hojas pueden llegar a develar mínimas intimidades. ¿Qué amarra las hojas? Una cuerda, una cadena, un lazo con moño... podría llegar a ser abierto , si alguien se atreviera...


Hay libros que son libros-libres, sus páginas pueden cambiarse de sitio, no están numeradas, y si lo están pueden llegar a ser desordenadas por alguna mano inquieta que quiera proponer otro orden, otra secuencia. Son interactivos, se prestan a ser hojeados, de-construídos hasta cierto punto y vueltos a construir. Los libros de hojas libres se abren al juego, a las lecturas múltiples, al desorden pautado. Y puede suceder que las páginas terminen ajadas, rotas, llenas de marcas de manos poco cuidadosas. Es un riesgo que hay que correr para permitir el juego, como la rosa del Principito sin su campana de cristal... Es un libro "jugado", en más de un sentido. Es un libro generoso, se brinda completamente porque puede ser intervenido por el lector que puede contar con él historias diferentes.



Hasta aquí todo bien, son libros especiales... pero no se discuten, aún siguen siendo libros.



Pero existen también entre los libros de artista los llamados libros-objetos, más objetos que libros. De formas impensadas atacan sin piedad el concepto de libro: libro-mesa, libro-refrigerador, libro lámpara... quien sabe lo que puede crear la mente delirada de un artista- librero- objetual. El libro objeto nos sorprende, nos incomoda, nos plantea si es o si no es, en realidad, "un libro"... qué tiene esa cosa, objeto inclasificable, que me hace pensar que podría llegar a ser nombrado "libro".

¿Qué se entiende por libro? ¿Qué entiendo yo, lector? Mi concepto de libro me ata y me dificulta comprender que otro, artista para colmo, se atreva a desafiar esa certeza mía sobre lo que un libro debe o puede ser. Mi experiencia me dice que un libro es una cosa y su cosicidad de libro debe tener determinadas características que me permitan considerarlo "libro": unas tapas, un interior con hojas, un texto, unos dibujos, hasta podría aceptar que tenga hojas troqueladas, dibujos que se mueven accionados por las manos traviesas de unos niños curiosos, y letras... por supuesto. Hasta podría aceptar errores de impresión, saltos de páginas, mala ortografía, fotos borrosas, y otras iniquidades pero no lograrían que no sea un libro. Un mal libro, berreta, mal hecho... aún perteneciente al linaje del libro.

Un libro, debe tener, por mandato conceptual, al menos algunas páginas... las páginas pueden tener caracteres impresos... o no, tal vez podría ser un libro sólo de imágenes, pintadas, dibujadas, fotografiadas. También podría ser que ese libro esencial sólo tuviera un montón de páginas en blanco, en verde, en amarillo, en rojo o en azul... por tener las hojas de colores no dejaría de ser simplemente un libro. Podría confundirme, y pensar que es cuaderno, que me invita a escribir, ya no es tan seguro. Pero aún es pariente, se parece en la forma. Eso, un libro con hojas de color, es poco frecuente, pero posible. Y seguiría siendo libro, y no cuaderno, si tuviera algo impreso, un texto, unas palabras, un dibujo, unas fotos... ya no confundiría el libro y el cuaderno. Me sentiría a salvo de la duda.



Y hasta podría ser que no tuviera una tapa, podría haberla perdido, podría simplemente haber sido arrancada... y seguro por eso no dejaría de ser "un libro".

¿Y si fuera al revés? ¿Si solo hubiera tapas sin hojas que cubrir? ¿Si las tapas y las hojas se hubieran separado? Si tuviera en mis manos esas tapas huérfanas de páginas, ¿diría "tengo un libro en mis manos"? No, no... tal vez el tema de las tapas y las hojas no tenga esa propiedad conmutativa, porque hojas cosidas o pegadas entre si pueden seguir siendo libro des-tapado y las tapas sin contenido de páginas no son libro... ¡¡¡Son tapas!!!

Tal vez quiere decir que la esencia del libro está entonces en sus páginas, aunque estén en blanco, aunque sean coloreadas, aunque tengan dibujos, mejor aún (más seguro, más correcto, más libro) si tienen texto escrito. ¡Es la perfecta unión de papel y palabra!

Y eso me hace pensar que esa entrañable unión de papel y palabra, si no estuviera unida por el hilo y la cola podría también perder su cosicidad de libro. Porque si las hojas han sido dispersadas, no son correlativas, no tuviera la posibilidad de seguir los renglones de escritura entre una página y la otra, no serían un libro.

¿Que podría entonces darme alguna pista para unificar esas páginas dispersas y considerarlas libro? ¿El tipo de papel, el tamaño parejo de las páginas, la tipografía, el color de la tinta? Factores materiales... tactiles y visuales... De estos rastros de libro podría inferir que hubo alguna vez un libro entero, un señor libro. Que solo está presente en los pocos fragmentos que han quedado de él, y que a partir de ellos, presencias de una ausencia, se podría reconstruir, aunque tal vez parcialmente, el libro original. Tarea arqueológica, de restauradores y conservadores de museo.

Pero lo que sucede es que el artista- librero- objetual me desafía, desafía uno a uno todos mis pre-conceptos, y llama libro a un rollo de papel, a una pila de diarios, a un cuaderno con anotaciones varias, a una caja de fósforos con palabras adentro. Ya no puedo creer que la caja es caja, que el rollo es solo rollo y el cuaderno, cuaderno... me confunde, me cuestiona, me enfrenta. ¿Qué cree este señor?¿Que basta con poner un rótulo debajo?¿Que con sólo nombrar, designar a su antojo, presentar una cosa por otra ya lo ha convertido?¡Su magia no funciona!¡ Su artilugio de rótulo no impacta, no interesa...

¿Qué intenta el artista- librero -objetual?¿Sacudir las ideas, remover los conceptos?¿Cuestionar las certezas?¿Abrir nuevos horizontes?¿Ampliar las percepciones? ¿Aflojar los lazos que nos atan a lo seguro?

No sé... ni me interesa, allá él con sus cuestiones. Yo seguiré pensando, acá en mi biblioteca, que el libro, es libro y nada más.

lunes, 27 de julio de 2009

¿Ecléctica Yo? (Mirada retrospectiva)

¿Es posible hoy mantener una determinada manera de hacer arte? ¿Valerse de un repertorio de imágenes más o menos personal? Una tarea difícil.

Cuando comencé a buscar una "imagen propia", allá por los 90', intentaba encontrar una manera de hacer arte que me represente, que pudiera sentir como propia, tanto en sus métodos como procesos, expresión de ideas... me preocupaba "transmitir el mensaje".

Bastante ha transcurrido desde entonces. Series de collagraphs en color, miniprints, técnicas mixtas, impresiones directas de desechos pasadas por la prensa decenas de veces. Esos trabajos algo toscos, en bruto, tenían esa impronta de improvisación, de que estaba previsto, pero no hasta el último detalle. Siempre me interesó eso del grabado, esa cierta incertidumbre, ese imprevisto que modifique lo que había pensado...la posibilidad de sorprenderme y hasta decepcionarme. Como soy una apasionada de la experimentación y me gusta jugar con los materiales y las técnicas, poco a poco me fui alejando de lo tradicional y metiéndome en otras disciplinas, artes o como quiera llamárselos. De lo bidimensional me fui colando en lo tridimensional y el grabado y la estampación se fueron desparramando por el piso, las paredes, el espacio...
Así me fui acercando al soporte del grabado: el papel... y lo experimental se fue dando desde el reciclado, las fibras naturales, los pigmentos y las coladas.
Una cosa lleva a la otra y es entonces que el papel, que normalmente usamos para escribir, dibujar, pintar (es decir, soporte bidimensional) comienza a interesarme para desarrollar propuestas tridimensionales a partir de otra técnica milenaria como la cartapesta. Maravillosa ella también abre un sinfín de posibilidades. Mis manos descubren las texturas, lo liso y lo rugoso, lo suave y lo áspero, lo frío y lo caliente, lo duro y lo blando... no se puede describir con palabras la cantidad de sensaciones que se experimentan cuando uno trabaja. Son simultáneas: el olor del engrudo y el papel húmedo, el sonido del papel al rasgarse, de la lija raspando superficies, el color de las fibras, las formas que crecen, las capas superpuestas que se van descubriendo, lo opaco y lo brillante. Las formas se agrupan, ocupan un espacio, se conectan y desconectan y comienzo a colgar cosas por todo el taller, porque es muy pequeño, no tengo espacio. Pongo montones de clavos y tanzas. Así nacen los "Colgaditos" montones de móviles de madera, mimbre y papel... una experiencia "calderiana" para jugar ligeramente, sutilmente, levemente con el espacio circundante. Lo lleno y lo vacío interactúan y definen la forma. ¿Qué me mueve, me pregunto, desde lo conceptual en esto? No sé... ni siquiera me cuestiono si existe "el concepto" cuando trabajo no soy capaz de racionalizar tanto la experiencia. ¿Seré contemporánea entonces?¿O mi manera de hacer es más parecida a la de los alquimistas medievales, buscando la piedra filosofal, buscando la magia de convertir una cosa en otra, de que algo insignificante se vuelva valioso?

Más dudas que certezas.
Picasso decía: "Yo no busco, encuentro"Picasso era un genio. Yo no.
Yo digo: "Busco, a veces encuentro, pero siempre voy a seguir buscando"
Y como sigo buscando trato de no detenerme demasiado en el camino, cuando algo se va agotando ya tengo otro "yacimiento" a medio excavar.
Los tiempos se vuelven líquidos, los metales se oxidan, los papeles se manchan y amarillean, las telas se desgastan y agujerean, las hojas de los árboles se secan y se caen.... y los puntos suspensivos ... suspenden las palabras... nos dejan esperando... lo que vendrá...

Descubro objetos con historias que no conozco, cosas viejas que pertenecieron a otras personas, que fueron usadas por otros y ahora están en mi taller. Tienen diversas procedencias, pero están aquí por algún motivo, por algo las guardé, por algo me atrajeron. Extraña herencia que moviliza mi sensibilidad. Según Baudrillard los objetos antiguos significan el tiempo.
"No cabe duda que no es el tiempo real, sino que son los signos o indicios culturales del tiempo, lo que se recupera en el objeto antiguo" (J. Baudrillard "El sistema de los objetos")

"El pasado es arcilla que el presente labra a su antojo, interminablemente."

Esta frase borgeana, encontrada en otra página web, me parece brillante. Expresa bellamente la fugacidad del instante.
Si el instante es fugaz, tal vez lo es también el pensamiento, y mi mente salta baches y se para al borde de algún abismo. Trato de atrapar el tiempo, aún cuando se que es imposible. Será seguramente una sucesión de instantes, de fugacidades, de presentes siempre renovados.

Difícil tarea intentar que algo permanezca entre tanta fugacidad. Todo deviene, yo también. Mis trabajos nunca están terminados... los armo, des-armo, construyo, de-construyo (Derrida ¿estará de acuerdo?) No les tengo demasiado respeto, los modifico, corto, rompo y a veces los vuelvo a armar. ¿Será la obsesión del tiempo o es sólo inconformismo?
En las pinturas no puedo romper tanto, puedo borronear, lijar, velar partes de las imágenes pero es interesante ese palimpsesto, reescribir, sobrepintar y que quede una huella de lo anterior. Lo que se hace ahora, sobre lo que hice ayer, lo que haré mañana (que mañana será hoy)sobre lo que hice hoy (que mañana será ayer).

Esto da para mucho más, pero basta por hoy. Mañana sigo.

domingo, 19 de julio de 2009

El tiempo líquido



M. Peral: De la serie "Territorio marcado" Técnica mixta.

El nombre del blog es un tema importante... sintetiza lo que uno pretende expresar y comunicar. En este caso el "tiempo líquido" tiene que ver con las técnicas de grabado, de ahí surge. Se prepara la plancha de metal protegiendola con barníz, se dibuja sobre ella levantando el barníz y exponiendo el metal y luego se sumerge en un mordiente (ácidos o sales) disueltas en agua. El mordiente ataca el metal y va grabando el dibujo en la plancha. Los tiempos del baño son muy importantes, es necesario controlarlos permanentemente para obtener los resultados esperados. De lo contrario se puede estropear todo el trabajo.
El verano pasado hice varias puebas para fijar en papel o en tela directamente el proceso de transposición de la imagen... Otra manera de grabar, a partir del óxido.... exponiendo el soporte a la acción del agua, la luz, la intemperie y utilizando recortes y objetos de hierro en lugar de una matriz dibujada. En resumen, se graba y se estampa al mismo tiempo, pero no se puede obtener una edición... cada imagen es diferente e irrepetible porque hay demasiados factores que interactúan. Podría decirse que son monotipos, o monocopias ya que se estampan siempre con variaciones.

Durante estas experiencias la idea era obtener un registro de cómo el tiempo transcurrido y los agentes naturales actuaban sobre los materiales y dejaban una imagen-huella.


M. Peral: De la serie "Tiempo líquido" Impresión directa al óxido y retoque digital.

El mordiente graba y estampa, mientras más tiempo transcurre más profunda es la mordida y más intensa la estampación. De alguna manera en el grabado, el tiempo adquiere un rol protagónico, me permite registrarlo a medida que se me escurre como el agua entre los dedos.

En los años 2001 y 2002 realicé una adscripción en el Taller de Grabado II a cargo de la Profesora titular Liliana Gastón y de la Jefa de TP Lic. María Elena Mainieri, en la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes UNR. 
Durante dicha adscripción me dediqué a elaborar una investigación : INTRODUCCIÓN AL GRABADO NO TÓXICO con materiales de bajo costo y fácilmente accesibles. Hay copias completas del mismo disponibles en la Escuela de Bellas Bellas Artes UNR y en la Escuela Provincial de Artes Visuales "Manuel Belgrano" en la que doy clases de Grabado.
En ese momento los materiales de marca que se utilizaban a nivel internacional eran muy costosos para los estudiantes, y lo siguen siendo en la actualidad. El acceso a Internet era limitado y la mayor parte de las consultas las realicé a través del e-mail a los Profesores Nik Semmenoff (Canadá) y Cedric Green (Francia) debiendo traducir luego todo el material ya que no había publicaciones al respecto en español. 
Parte de esa investigación fue publicada por Osvaldo Jalil en el Boletín XILON ARGENTINA N° 36 y 37 del 2001.








jueves, 16 de julio de 2009

La mirada y la escena.





Gastón Breyer, arquitecto y escenógrafo, analiza el orden de la mirada en su libro "La escena presente". Estas expresiones se enlazan con lo expuesto por John Berger.

Dice Breyer:
"Desde un comienzo introduce el psicoanálisis al Otro y el hombre que mira cae en el circuito de la mirada del otro, de lo otro, del otro mío.

El hombre "ordenado en lo visible", mira y está expuesto a ser mirado. Ese "mirarme" cualifica al Otro como tal, como el que puede mirarme. El Otro es quien me mira y quien hace sentirme mirado. Con esto nos situamos también en el "orden de la escena", en el teatro, en el mismo centro del área de veda.*

¿Qué es la escena sino un mirar ser mirado? Si bien esta ley subyace en todo arte, en la pintura es manifiesto que quien mira al espectador es un ojo tácito, incorporado a la materia, en la escena se trata de ojos vivos, habitados, mirantes existenciales, egoístas y prepotentes.

La Mirada, como pulsión que es, tiene una energía en acto, apunta al deseo de un objeto, su fuente es la pulsión, importa una acción-acto implícito, obsesión de actuar hacia el otro, se constituye en objeto del otro, el acto de mirar se solidifica en el objeto Mirada.

Hay un objeto mirado y un objeto Mirada, de eso se trata: la Mirada como obsesión de Objeto.

El ver - propiamente dicho - remite al acto psicofisiológico de la visión como recepción corriente y función óptica del ojo normal, función ocular, reacción fotosensible de la retina al estímulo exterior.

En la "mirada" con minúscula, se apunta a la función de salir atisbar, escrutar, explorar y desocultar la circundancia como oportunidad del ver para comprender, hacer y trascender. Simétricamente al mirar, un ver.

Pero en el enfoque psicoanalítico se trata de la Mirada -con mayúscula- acto del inconsciente , pulsión que deviene insistente deseo e intención hacia un fin último, jamás alcanzado. La Mirada como necesidad de goce."

* Breyer adopta este término como sinónimo de escenario, ámbito físico, lugar o sitio que irrumpe en lo cotidiano social y divide a la multitud en actantes y espectadores.


En lo específicamente escénico, Breyer se detiene a analizar la mirada del actor-actante y del escenógrafo.

"Lacan señala el polígono de la necesidad, la pulsión, el deseo y la demanda.

El escenario será el sitio donde se hará patente la demanda, lugar ejemplar de la mostración. Lugar absoluto que deja de ser relativo o posible o conjetural para ser necesario, como necesaria es mi demanda. Lugar donde se me nombra, lugar donde yo oigo nombrarme.

La escena es sustancialmente un lugar de encuentro de miradas. Miro al actor que mira mi vacío. El rostro del actor hace de espejo para mi mirada. El rostro del actor más que para ser visto, está ahí para enseñarnos a mirar. El gran actor se ve en su saber mirar; su mirada funda al objeto mirado.

Algo parecido sucede con el escenógrafo, él enseña a mirar. La auténtica escenografía es aquella que nos enseña a mirar porque nos mira. Las decoraciones bonitas se dejan ver, pero no pueden ser miradas, no hay nada para mirar.

Por eso toda escenografía auténtica es como un rostro que nos mira y que nos enseña a mirarlo. Yo diría llanamente, que toda escenografía verdadera es un rostro vuelto hacia la platea. El espectador mira la mirada del actor y de la escenografía."


Juan Carlos Moretti (actor)



martes, 14 de julio de 2009

Modos de ver

En su libro "Modos de ver" John Berger plantea la problemática de la mirada.





"Poco después de poder ver somos conscientes de que también nosotros podemos ser vistos. El ojo del otro se combina con nuestro ojo para dar plena credibilidad al hecho de que formamos parte del mundo visible." (...)





" Una imagen es una visión que ha sido recreada o reproducida. Es una apariencia, o conjunto de apariencias, que ha sido separada del lugar y el instante en que apareció por primera vez y preservada por unos momentos o unos siglos. Toda imagen encarna un modo de ver. Incluso una fotografía, pues las fotografías no son como se supone a menudo, un registro mecánico. Cada vez que miramos una fotografía somos conscientes, aunque sólo sea débilmente, de que el fotógrafo escogió esa vista de una infinidad de otras posibles. Esto es cierto incluso para la más despreocupada instantánea familiar. El modo de ver del fotógrafo se refleja en su elección del tema. El modo de ver del pintorse reconstituye a partir de las marcas que hace sobre el lienzo o papel. Sin embargo, aunque toda imagen encarna un modo de ver, nuestra percepción o apreciación de una imagen depende también de nuestro propio modo de ver.(Por ejemplo, es posible que Sheila sea sólo una figura entre veinte, pero para nosotros y por razones personales, sólo tenemos ojos para ella).


Las imágenes se hicieron al principio para evocar la apariencia de algo ausente. Gradualmente se fue comprendiendo que una imagen podría sobrevivir al objeto representado; por tanto podría mostrar el aspecto que había tenido algo o alguien, y por implicación cómo lo habían visto otras personas. Posteriormente se reconoció que la visión específica del hacedor de imágenes formaba parte también de lo registrado. Y así una imagen se convirtió en un registro del modo en que X había visto a Y. Esto fue el resultado de una creciente conciencia de la individualidad, acompañada de una creciente conciencia de la historia. Sería aventurado pretender fechar con precisión este último proceso. Pero si podemos afirmar con certeza que tal conciencia ha existido en Europa desde comienzos del Renacimiento"





Berger se refiere específicamente a todas aquellas imágenes de factura humana. También plantea que cuando una imagen es presentada como obra de arte, la mirada está condicionada por una serie de hipótesis aprendidas que se refieren a la belleza, la verdad, el genio del artista, la civilización, la forma, la posición social, el gusto de la época, etc.


La mirada del presente nunca podrá restituir la mirada del pasado, por más que intentemos contextualizar la imagen en su tiempo y espacio. Lejos podemos estar hoy de imaginar las miradas escandalizadas del "Desayuno sobre la hierba" de Manet, o la incomprensión sufrida por Pettorutti en su primera exposición en Argentina a su regreso de Europa... Desde el hoy, el ayer puede llegar a ser imaginado, pero nunca comprendido en su real dimensión.



Berger expresa:

"Hoy vemos el arte del pasado como nadie lo vio antes. Lo percibimos de un modo realmente distinto"





lunes, 13 de julio de 2009

MIRADAS

Los artistas han tenido, y tienen aún (creo que eso es algo que nunca se perderá, por más que cambien las tendencias) formas particulares de ver, de percibir el mundo que los rodea. El tema de la mirada es realmente fascinante y profundo, nos lleva a indagar en el mundo del creador y por supuesto también en el espectador, que es en definitiva, el destinatario de la obra.
Las artes visuales, el teatro, la danza, la ópera, las artes digitales, el cine, las multimedia apelan a las miradas... miradas que se convierten en lecturas, las manifestaciones artísticas son "textos" con determinante visual que cada uno lee e interpreta a partir de sus propias vivencias y conocimientos.



M.Peral "Diario de viaje" Técnica mixta.



Para comenzar a indagar en este tema de las miradas elegí el texto de Antoni Tápies:

EL JUEGO DE SABER MIRAR

¿Cómo hacer para mirar limpiamente, sin querer encontrar en las cosas lo que nos han dicho que debe haber, sino simplemente lo que hay?
He aquí un juego inocente al que os propongo que juguemos.
Cuando miramos sólo vemos lo que se nos da a nuestro alrededor: cuatro cosas –a veces muy pobres-vistas sólo por encima en medio del infinito.
Mirad el más sencillo de los objetos. Tomemos, por ejemplo, una silla. Parece que no es nada. Pero pensad en todo el universo que incluye: las manos y los sudores cortando la madera que un día fue árbol robusto, lleno de energía, en medio de un bosque frondoso en unas altas montañas, el trabajo amoroso que la construyó, la ilusión que la compró, los cansancios que ha aliviado, los dolores y alegrías que habrá aguantado, quien sabe si en grandes salones o en pobres comedores de barriada… Todo, todo participa de la vida y tiene su importancia. Hasta la silla más vieja lleva en su interior la fuerza inicial de aquellas savias que ascendían de la tierra, allí en los bosques, y que aún servirán para calentar el día en que, astillada ya arda en algún hogar.
¡Mirad, mirad a fondo! Y dejaos llevar plenamente por todo cuanto hace resonar dentro de vosotros lo que nos ofrece la mirada, como quien va a un concierto con un vestido nuevo y el corazón abierto con la ilusión de escuchar, de oír sencillamente con toda su pureza, sin querer a toda costa que los sones del piano o de la orquesta hayan de representar forzosamente un determinado paisaje, o el retrato del general o una escena de la historia. A menudo se querría reducir la pintura a esta mera representación.
Aprendamos a mirar como el que va a un concierto. En la música hay formas sonoras compuestas en un fragmento de tiempo. En la pintura formas visuales compuestas en un pedazo de espacio.
Se trata de un juego. Pero jugar no significa hacer las cosas “porque si”. Y como en todos los juegos de niños los artistas tampoco hacen las cosas “porque si”. Jugando, jugando, de pequeños aprendemos a hacernos mayores. Jugando… jugando hacemos crecer nuestro espíritu, ampliamos el campo de nuestra visión, de nuestro conocimiento. Jugando… jugando decimos y escuchamos cosas, despertamos al que se ha dormido, ayudamos a ver a quien no sabe o a quien le han tapado la vista.
Cuando miráis no debéis pensar nunca en lo que la pintura – o cualquier otra cosa de este mundo-“ha de ser”, o lo que muchos quieren que se limite a ser. La pintura puede serlo todo. Puede ser una claridad solar en medio de un soplo de viento. Puede ser una nube de tormenta. Puede ser la huella del pie de un hombre en el camino de la vida, o un pie que ha golpeado el suelo -¿por qué no?- para decir ¡basta! Puede ser un aire dulce de alborada lleno de esperanzas, o un aliento agrio que despide una cárcel. Puede ser las manchas de sangre de una herida, o el canto en pleno cielo azul, o amarillo, de todo un pueblo. Puede ser lo que somos, el hoy, el ahora y el siempre.
Yo os invito a jugar, a mirar atentamente… yo os invito a pensar.

Antoni Tapies.
Del libro “La práctica del Arte”

viernes, 10 de julio de 2009

Las babas del diablo

Los recuerdos tienen bordes borrosos,como fuera de foco. Un collage de figuritas con brillantina, de hadas y monstruos se funde suavemente con las noches de verano en la vereda, las babas del diablo en la noche de febrero y el olor a venenitos pisoteados.
La superficie de las imágenes parece ajada, velada. Los colores emergen desde abajo, capa por capa, como en un álbum antiguo. Un deslizar de curvas lentas evoca cuerpos fantásticos, bocas y ojos, garras y fauces, crestas y lenguas. ¿Serán los seres que habitaron la infancia que volvieron para quedarse, inmóviles de emoción, como un suspiro contenido? ¿O pretenderán huir del marco de los cuadros, para vagar en libertad con las miradas de quienes se animen a descubrirlos?
Nunca se sabe el verdadero final de las historias contadas por muchas bocas. Nunca se sabe si hay un final o muchos nuevos comienzos.


Esta serie de pinturas, realizadas durante el 2008 y 2009 son acrílicos sobre cartón, de 100 cm x 70 cm. En realidad son "work in progress" (trabajo en progreso) ya que la serie completa va sufriendo leves modificaciones con el correr del tiempo. Ese tiempo que transcurre líquido, deslizándose lentamente, sin que podamos retenerlo... simplemente viviéndolo, dejándolo fluir...








M. Peral: Pinturas de la Serie "Las babas del Diablo" (Acrílico)